sábado, 23 de junio de 2012

MONSTRUOS MARINOS: ENTRE ESCILA Y CARIBDIS

Estrecho de Mesina. Situación de los dos monstruos. Foto de:
http://purpuranevada.blogspot.com.es
Para pasar el estrecho de Mesina, que separa Sicilia del continente y la región de Calabria en la península de Italia, era obligado hacerlo , según relata Ovidio  en Metamorfosis 13,5,  entre dos horribles monstruos: Bajo el pubis virginal de Escila y entre las fauces de Caribdis. El riesgo era constante y según este autor, los marineros estaban contentos una vez habían sobrepasado estos dos peligros marinos.

¿Quiénes eran estas criaturas y por qué estaba allí? Por supuesto, la historia de cada una de ellas tiene toques de amor, celos, venganzas y destierros.


Escila y Caribdis son dos mounstros marinos pertenecientes a la mitología griega situados en  orillas opuestas del  estrecho de Mesina. 


En la mitología griega, ESCILA  había sido una hermosa ninfa nacida de Forcis (dios marino) y Hécate (originariamente diosa de las tierras salvajes) o de otros padres y madres diferentes según las leyendas. Sobre  cómo se convirtió en un horrible monstruo, las tradiciones discrepan.  En lo que sí coinciden las diferentes historias, es que su vida y aspecto se transformaron por culpa del amor y de los celos .


Ovidio cuenta algunos detalles de su desdichada historia: El dios marino GLAUCO (divinidad y monstruo del mar, hijo de Poseidón y de la náyade Nais)  se enamoró perdidamente de la bellísima ninfa Escila.
Por lo visto, la belleza de Escila era legendaria y fueron muchos los que cayeron rendidos a sus pies sin que ella mostrara especial interés por ninguno.

Escila  que no tenía interés alguno en amar a un dios cuya mitad inferior era un pez (Glauco), huyó despavorida del enamorado poniendo tierra por medio pues en tierra, Glauco no podía alcanzarla. CIRCE, la hechicera, estaba enamorada secretamente de Glauco y para quitarse la competencia de la bella ninfa,   entregó una poción a Glauco. Le engañó y  le dijo que debía verter su contenido en  el lugar donde la ninfa se bañara y sería suya. Siguiendo las instrucciones de la hechicera, Glauco vació el contenido en la charca donde su amada se aseaba y ésta, nada más entrar, se convirtió en un horrible monstruo con perros de nacían de su cintura. Ni que decir tiene que Glauco, perdió todo el interés por ella por si a los perros les gustaba el pescado. Osea, el puede perseguir a jovencitas a pesar de su cola de pescado pero luego no soporta unos "adorables" perritos...


Mario Servio Honorato, gramático pagano de finales del siglo IV d.C en comentarios sobre la Eneida, nos da otra versión de la  metamorfosis  de Escila. Eso si, los amoríos y los  celos también acompañan a esta desgraciada criatura. Relata que Poseidón (dios del mar, las tormentas y los terremotos) se enamoró de ella, y fue convertida en un monstruo marino  por la celosa Anfitrite (una antigua diosa del mar tranquilo esposa de Poseidón)


El caso es que la pobre ninfa como en otras historias de la mitología griega, sin comerlo ni beberlo y por ser más o menos agraciada, suscitó las iras de una celosa patológica que dió rienda suelta a su furia con la pobre muchacha. Eso si, Glauco, se fue de rositas. 

Escila es descrita por Ovidio en Metamorfosis 13, 5 como un monstruo con torso de mujer y con seis perros partiendo de su cintura que devoran cuanto tienen a su alcance.


Hércules acabó con esta desdichada criatura cuando le mató unos cuantos bueyes que éste le robó a Gerión; Sin embargo Forcis (su padre) la devolvió a la vida sirviéndose de antorchas encendidas.




Odisea de Homero. Canto XII-73: Las sirenas. Escila y Caribdis. La Isla del Sol. Ogigia.

55 Después que tus compañeros hayan conseguido llevaros más allá de las Sirenas, no te indicaré con precisión cuál de los dos caminos te cumple recorrer; considéralo en tu ánimo, pues voy a decir lo que hay a entrambas partes. A un lado se alzan peñas prominentes, contra las cuales rugen las inmensas olas de la ojizarca Anfitrite; llámanlas Erráticas los bienaventurados dioses. Por allí no pasan las aves sin peligro, ni aun las tímidas palomas que llevan la ambrosía al padre Zeus; pues cada vez la lisa peña arrebata alguna y el padre manda otra para completar el número. Ninguna embarcación de hombres, en llegando allá, pudo escapar salva; pues las olas del mar y las tempestades, cargadas de pernicioso fuego, se llevan juntamente las tablas del barco y los cuerpos de los hombres. Tan sólo logró doblar aquellas rocas una nave surcadora del ponto, Argo, por todos tan celebrada, al volver del país de Eetes; y también a ésta habríala estrellado el oleaje contra las grandes peñas, si Hera no la hubiese hecho pasar junto a ellas por su afecto a Jasón.
73 Al lado opuesto hay dos escollos. El uno alcanza al anchuroso cielo con su pico agudo, coronado por el pardo nubarrón que jamás le suelta; en términos que la cima no aparece despejada nunca, ni siquiera en verano, ni en otoño. Ningún hombre mortal, aunque tuviese veinte manos e igual número de pies, podría subir al tal escollo ni bajar de él, pues la roca es tan lisa que semeja pulimentada.


80 En medio del escollo hay un antro sombrío que mira al ocaso, hacia el Erebo, y a él enderezaréis el rumbo de la cóncava nave, preclaro Odiseo. Ni un hombre joven, que disparara el arco desde la cóncava nave, podría llegar con sus tiros a la profunda cueva. Allí mora Escila, que aúlla terriblemente, con voz semejante a la de una perra recién nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegrará de ver, aunque fuese un dios el que con ella se encontrase. Tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos larguísimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres hileras de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Está sumida hasta la mitad del cuerpo en la honda gruta, saca las cabezas fuera de aquel horrendo báratro y, registrando alrededor del escollo, pesca delfines, perros de mar, y también, si puede cogerlo, alguno de los monstruos mayores que cría en cantidad inmensa la ruidosa Anfitrite.



98 Por allí jamás pasó embarcación cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemnes; pues Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave de azulada proa.



101 El otro escollo es más bajo y lo verás Odiseo, cerca del primero; pues hállase a tiro de flecha. Hay ahí un cabrahigo grande y frondoso, y a su pie la divinal Caribdis sorbe la turbia agua. Tres veces al día la echa fuera y otras tantas vuelve a sorberla de un modo horrible. No te encuentres allí cuando la sorbe pues ni el que sacude la tierra podría librarte de la perdición. Debes, por el contrario, acercarte mucho al escollo de Escila y hacer que tu nave pase rápidamente; pues mejor es que eches de menos a sus compañeros que no a todos juntos.



111 Así se expresó; y le contesté diciendo: —Ea, oh diosa, háblame sinceramente. Si por algún medio lograse escapar de la funesta Caribdis, ¿podré rechazar a Escila cuando quiera dañar a mis compañeros?



115 Así le dije, y al punto me respondió la divina entre las diosas:



116 —¡Oh, infeliz! ¿Aún piensas en obras y trabajos bélicos, y no has de ceder ni ante los inmortales dioses? Escila no es mortal, sino una plaga imperecedera, grave, terrible, cruel e ineluctable. Contra ella no hay que defenderse; huir de su lado es lo mejor. Si, armándote, demorares junto al peñasco, temo que se lanzará otra vez y te arrebatará con sus cabezas sendos varones. Debes hacer, por tanto, que tu navío pase ligero, e invocar, dando gritos, a Crateis, madre de Escila, que les parió tal plaga a los mortales y ésta la contendrá para que no os acometa nuevamente.
Denario emitido por Sexto Pompeyo, celebrando su victoria sobre la flota de Octaviano. En el anverso figura el faro de Mesina, y en el reverso, el monstruo Escila.


Por su parte, Caribdis, es otra terrible criatura marina, hija de Poseidón  y Gea, que tragaba enormes cantidades de agua tres veces al día y las devolvía otras tantas veces. Adoptaba  la apariencia de un enorme  remolino que devoraba todo lo que había en su camino, es decir, barcos, marineros, peces y agua. Caribdis también  fue originalmente una ninfa marina.
Probablemente era la diosa de las mareas,  mencionada por Homero, en representación de las tres subidas y bajadas diarias de las aguas. 


Según Pierre Grimal,  Caribdis durante su vida humana había mostrado una gran voracidad. Cuando Heracles (Hércules en romano) pasó por allí conduciendo los rebaños de Geriones (monstruo gigante formado por tres cuerpos, hijo de  Crisaor el a su vez que era hijo de Poseidón y Medusa y Calírroe hija de Arqueloo) la   glotona Caribdis le robó varios animales y los devoró. Zeus la castigó, la transformó en un terrible y voraz monstruo y la  desterró  al mar.

Odisea de Homero. Canto XII-73: Las sirenas. Escila y Caribdis. La Isla del Sol. Ogigia.


201 Al poco rato de haber dejado atrás la isla de las sirenas, vi humo e ingentes olas y percibí fuerte estruendo. Los míos, amedrentados, hicieron volar los remos, que cayeron con gran fragor en la corriente; y la nave se detuvo porque ya las manos no batían los largos remos.

206 A la hora anduve por la embarcación y amonesté a los compañeros, acercándome a ellos y hablándoles con dulces palabras:

208 —¡Oh amigos! No somos novatos en padecer desgracias y la que se nos presenta no es mayor que la experimentada cuando el Ciclope, valiéndose de su poderosa fuerza, nos encerró en la excavada gruta. Pero de allí nos escapamos también por mi valor, decisión y prudencia, como me figuro que todos recordaréis. Ahora, ea, hagamos todos lo que voy a decir. Vosotros, sentados en los bancos, batid con los remos las grandes olas del mar, por si acaso Zeus nos concede que escapemos de esta desgracia, librándonos de la muerte.

217 Y a ti, piloto, voy a darte una orden que fijarás en tu memoria puesto que gobiernas el timón de la cóncava nave. Apártala de ese humo y de esas olas, y procura acercarla al escollo, no sea que la nave se lance allá, sin que tu lo adviertas, y a todos nos lleves a la ruina.

222 Así les dije, y obedecieron sin tardanza mi mandato. No les hablé de Escila, azar inevitable, para que los compañeros no dejaran de remar, escondiéndose dentro del navío.

226 Olvidé entonces la penosa recomendación de Circe de que no me armase de ningún modo; y, poniéndome la magnífica armadura, tomé dos grandes lanzas y subí al tablado de proa, lugar desde donde esperaba ver primeramente a la pétrea Escila que iba a producir tal estrago en mis compañeros. Mas no pude verla en lado alguno y mis ojos se cansaron de mirar a todas partes registrando la obscura peña.

234 Pasábamos el estrecho llorando, pues a un lado estaba Escila y al otro la divina Caribdis, que sorbía de horrible manera la salobre agua del mar. Al vomitarla dejaba oír sordo murmurio, revolviéndose toda como una caldera que está sobre un gran fuego, y la espuma caía sobre las cumbres de ambos escollos. Mas, apenas sorbía la salobre agua del mar, mostrábase agitada interiormente, el peñasco sonaba alrededor con espantoso ruido y en lo hondo se descubría la tierra mezclada con cerúlea arena. El pálido temor se enseñoreó de los míos, y mientras contemplábamos a Caribdis, temerosos de la muerte, Escila me arrebato de la cóncava embarcación los seis compañeros que más sobresalían por sus manos y por su fuerza. Cuando quise volver los ojos a la velera nave y a los amigos, ya vi en el aire los pies y las manos de los que eran arrebatados a lo alto y me llamaban con el corazón afligido, pronunciando mi nombre por la vez postrera.

251 De la suerte que el pescador, al echar desde un promontorio el cebo a los pececillos valiéndose de la luenga caña, arroja al ponto el cuerno de un toro montaraz y así que coge un pez lo saca palpitante de esta manera, mis compañeros, palpitantes también, eran llevados a las rocas y allí, en la entrada de la cueva, devorábalos Escila mientras gritaban y me tendían los brazos en aquella lucha horrible. De todo lo que padecí peregrinando por el mar, fue este espectáculo el más lastimoso que vieron mis ojos.

260 Después que nos hubimos escapado de aquellas rocas, de la horrenda Caribdis y de Escila, llegamos muy pronto a la intachable isla del dios, donde estaban las hermosas vacas de ancha frente, y muchas pingües ovejas de Helios, hijo de Hiperión.

Los argonautas ( los héroes que acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro para lograr que Jasón ocupase el trono de Yolcos en Tesalia) fueron capaces de evitar ambos peligros gracias a que los guió Tetis (la más famosa de las nereídas). Según Pierre Grimal, Ulises escapó una vez del monstruo, pero tras el naufragio que siguió al sacrilegio de los bueyes del Sol, agarrado a su mástil, fue arrastrado por la corriente creada por Caribdis. Sobrevivió abrazado a una higuera que se encontraba en la entrada de la gruta del monstruo. Cuando Caribdis vomitó todo lo que se había tragado, Ulises  recuperó el mástil  y continuó su viaje.


Como nota curiosa y para terminar, decir que "estar entre Escila y Caribdis" significa estar "entre la espada y la pared" en clara alusión a salir del peligro de un monstruo y meterse en otro. Pobres ninfas...

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

      Eliminar